X. Precipicio



Solo tu mano tibia apenas
deslizándose por la piel de mis entrañas
mientras te hundes en el precipicio de mis poros
y suplicas que te absorba
-tensa la voz, el pulso abierto-
en un silencio compacto y fluorescente
perlado por el sudor de tus ojos
al reír silentes sobre mis manos,
y obediente me difundo todo labios,
lengua todo sobre tu cuerpo ardiente,
toda tú carne y emociones
que me besan y me hieren.


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