XX. Garantía

Son las suaves pieles que se rozan
y se electrifican las que intensifican
la apertura inicial de los poros
que, plácidos, abren sus pétalos
y dejan salir los mismos efluvios
del deseo más carnal y mágico,
catarata que ingrávida asciende
hacia las nubes más blancas
de las pupilas desencadenadas
donde se proyecta la imagen
de tus manos desbocadas
que hacia mi tenso vientre
descienden, todas pasión,
guiadas por la locura sagrada
que inflama en tu pecho
el corazón de ardiente fuego
que incinera mi espalda
mientras escarbas mi sexo
y muere tu lengua en mi cuello,
dejando de saliva un sello
que el placer certifica
y garantiza un gozo intenso
que entre tus labios culmina
y acaba conmigo en el suelo.

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